Apnea del sueño

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El síndrome de apnea-hipopnea del sueño es uno de los trastornos del sueño más frecuentes con una prevalencia elevada de entre el 2 y el 4% de la población adulta. Los efectos adversos que provoca en la salud de los sujetos con apnea la falta de diagnóstico y de tratamiento, incluyen un incremento de la morbilidad, un acusado deterioro de la calidad de vida y un aumento de la mortalidad asociada, razones de peso suficientes que le confieren una gravedad frente a la que la comunidad médica tiene que tomar medidas urgentes. Las graves consecuencias de riesgo cardiovascular, enfermedades cerebrovasculares, trastornos neuropsiquiátricos y negativo impacto en la calidad de vida de los pacientes, están demostradas clínicamente y la apnea del sueño está considerada en la actualidad como problema de salud pública. “La definición de una enfermedad como problema de salud pública viene determinada por el cumplimiento de una serie de requisitos entre los que se incluyen la morbilidad, la mortalidad, el coste al sistema sanitario, la repercusión social y la tendencia en el futuro así como la vulnerabilidad del problema. El SAHS cumple todas estas circunstancias para ser considerado un problema de salud pública”.

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Los mecanismos fisiológicos subyacentes de la enfermedad todavía no son bien conocidos y la falta de diagnóstico e identificación de problema, siguen representando una dificultad real para los potenciales pacientes. Un estudio reciente del SEPAR, subraya que la información recabada en las historias clínicas es todavía muy deficitaria, tan sólo en un 6% de las historias realizadas en la atención primaria se hace referencia explicita a posibles problemas durante el sueño. Por el contrario, las preguntas referidas a otros problemas de salud pública como el tabaquismo o el consumo de alcohol se cuelan de rutina en casi la totalidad de las anamnesis. La recogida de datos para la historia clínica sigue obviando los factores agravantes que pueden predisponer a la presencia del SAHS y la derivación a las unidades de sueño se produce únicamente ante las formas de expresión más severas de la enfermedad, ronquidos y pausas respiratorias referidas por el paciente o el acompañante, obviando la hipertensión arterial asociada, causante de lesiones permanentes en el corazón, o la hipersomnolencia que aparece como factor desencadenante del 20% de los accidentes de tráfico .

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El síndrome de apnea del sueño, por su elevada prevalencia, comorbilidad, altos costes económicos y evidente disminución de la calidad de vida de los pacientes constituye un problema de salud de primer orden que requiere inversión en tratamientos concretos. Las repercusiones económicas asociadas a bajas laborales y el alto consumo de recursos del sistema sanitario, elevan a SAHS al primer plano de prioridad médica y problema de salud pública. La evolución en los tratamientos responde a una demanda creciente ya que afortunadamente se incrementa cada vez más el número de casos SAHS diagnosticados subsidiarios de recibir terapia.

Todos los tratamientos para la roncopatía y la apnea del sueño se rigen por un objetivo común, incrementar el diámetro del calibre y reducir la resistencia de la VAS garantizando así una mejora inmediata de la calidad de vida de los pacientes, que recuperan el patrón normal del sueño y se reducen los riesgos para su salud que los sucesos apnéicos desencadenan aumentando su esperanza de vida. El tratamiento del SAHS varía según los condicionantes específicos de cada paciente y puede consistir en tratamientos conservadores como la reducción de peso, los cambios posturales o la cirugía. Las terapias actuales consisten en respiradores de presión positiva (CPAP), técnicas quirúrgicas (úvulopalatofaringoplastia) y prótesis intraorales. Para pacientes que exigen tratamientos no invasivos, los aparatos orales son el método con eficacia de resultados mejor aceptado.

Los tratamientos a los trastornos respiratorios del sueño intentan paliar el amplio espectro de síntomas adheridos a la patología, que abarcan desde el ronquido simple al SAHS en su expresión más severa El corte de 30 episodios por hora que se ha utilizado clasificatoriamente para establecer la severidad de la enfermedad está siendo revisado en los últimos años. La práctica está avalando cierta evidencia que indica que un IAH superior a 15 puede constituir un factor de riesgo cardiovascular con independencia del resto del cuadro sintomático. En este sentido, las recomendaciones de la Academia Americana de Medicina del Sueño aconsejan prescribir tratamiento con CPAP cuando existe un IAR ≥ 15, independientemente de la presencia de síntomas, o con un IAR ≥ 5, con somnolencia diurna excesiva.

Una vez concretado el diagnóstico se debe prescribir un plan de tratamiento adecuado que palie en la medida de lo posible, los síntomas asociados, recupere el patrón normal del sueño y revista la desaturación. El tratamiento elegido ha de ser la opción más favorecedora para el paciente atendiendo a la severidad del cuadro, las peculiaridades clínicas, los condicionantes personales y los hallazgos en la exploración realizada por el equipo médico. Las alternativas terapéuticas de la roncopatía y el SAHS no son excluyentes entre sí y la elección de tratamiento permite un enfoque multidisciplinar. No hay una única opción de terapia eficaz, la decisión siempre tendrá que ser consensuada entre médico y paciente en virtud de las características de los pacientes y de la viabilidad de las opciones.

Las estrategias de tratamiento recorren un amplio abanico de posibilidades, desde las llamadas opciones conservadoras, modificación de hábitos posturales, reducción significativa de peso o corrección de mala higiene de sueño hasta las soluciones quirúrgicas más invasivas para pacientes con anomalías otorrinolaringológicas y sin respuesta a los demás tratamientos. Los factores relacionados con las circunstancias personales del paciente, como la localización de la región faríngea donde se produce el colapso, las características craneofaciales, la salud dental, la obesidad, la edad, la profesión y la dependencia de los episodios a la posición del sueño, así como los factores relacionados con el tratamiento, deben ser evaluados antes de plantear una propuesta definitiva y decantarse por una de las alternativas. Un tratamiento exitoso es aquel que consigue la remisión de los síntomas diurnos, la reducción del número de eventos respiratorios por hora y la normalización de la gasometría y de la calidad del sueño.

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